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DE CUENTO es una sección dedicada a publicar
aquellos relatos breves escritos por vosotros, babarianos y no iniciados,
y que queréis mostrar al resto de los internautas.
Puedes mandar tu relato a decuento@revistababar.com
en formato Word, RTF o TXT.
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Un elefante en el bolsillo es poco práctico. Por empezar, pesa
mucho y casi siempre termina descosiendo el bolsillo o rompiendo el
forro, y así no hay ropa que aguante. Como si esto fuera poco, no
resulta sencillo hacerlo salir del bolsillo en caso de que uno quisiera
mostrárselo a un amigo o pedirle alguna gracia.
Por eso, Ricardito prefirió la soga cuando la chica de la tienda
de mascotas le dijo con una sonrisa y la naturalidad de quien vende un
combo en una casa de comidas rápidas:
–¿Lo llevás en el bolsillo o querés una soga?
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Escrito por Karina Echevarría
| 30/11/2007
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(Basado en la idea del libro Mi gatito es él más bestia de Gilles Bachelet)
Mi bibliotecario es muy bestia y muy bueno para leer, muy bueno pero muy bueno. Es un peligro para aquellos que le rodean y no quieren leer, insiste en exhibir los libros, escribir boletines de anuncios e inventar el día del tal y cual autor. Es que es muy bestia.
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Escrito por Mariela Ferrada Cubillos
| 15/09/2006
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Silvia Sione, desde Argentina, nos envía un par de los relatos que sus alumnos, de entre 9 y 11 años, han realizado en un Taller Literario sobre el tema de la jirafa.
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Escrito por Babar
| 05/03/2006
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Natalia tenía ocho años y nunca había visto las estrellas. Cada noche,
desde su pequeña habitación, dirigía su mirada hacia el cielo e
intentaba ver alguna de aquellas constelaciones que tanto había oído
hablar en el colegio. Pero solo veía una luz lechosa y difusa que
emborronaba el cielo.
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Escrito por Juan Carlos Ordás
| 07/11/2005
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Erase una vez que en alguna parte hubo un reino y quizás ese reino
fuese Sicilia, y en ese reino érase que se era un príncipe de sangre
más negra que azul llamado Ícaro. Era uno de esos príncipes con una
corona dorada de seis puntas sempiternamente sobre la empolvada peluca
y con una de esas narices largas, respingonas y aristocráticas que
gustaba de lucir estirada y apuntando al cielo como el bauprés de un
barco.
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Escrito por Vito Márquez
| 22/07/2005
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Dentro de un marco de lomas verdes como la esperanza e hileras
interminables de árboles que parecieran tocar el cielo azul
celeste con sus picos, en la cima, se destaca una gran casona.
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Escrito por Saya Maabar
| 30/04/2005
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Ramón solía despertarse muy temprano, pero ese día
se quedó dormido. El reloj marcaba las 8 horas. Marianella, su hermana y su madre
ya estaban sirviendo el mate cocido en las tazas descascaradas de
siempre al lado del calentador.
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Escrito por Saya Maabar
| 30/04/2005
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La casa estaba en lo alto de la calle mayor. Desde que la vieja
Úrsula dejó de vivir allí, nadie cuidaba de
su jardín verde oscuro; las contraventanas se descolgaban
tristes y los cristales no dejaban pasar la luz del sol. La casa
no sólo estaba abandonada, sino que se sentía abandonada.
Pobre casa en lo alto de la calle mayor, con sus tejas rojas y su
veleta de gallo, apuntando siempre hacia el sur. Ya nadie recorría
el sendero hasta la puerta número treinta y tres y llamaba
al timbre, que sonaba como uno de esos relojes viejos que tienen
los señores ricos.
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Escrito por Alfredo Álamo
| 30/04/2005
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Aleso y los demás niños del Hogar están excitados.
Éste es el gran día, el esperado. La graduación.
A cada uno se le entregará una máquina superior, un
robot que estará preparado para completar la educación
que necesitan antes de ser aceptados en el mundo de los adultos.
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Escrito por Graciela Inés Lorenzo Tillard
| 30/04/2005
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Este reino existía más allá de la última
nube, cerca donde habitan los vientos. La particularidad de tal reino consistía en que su rey jamás
dejó de ser niño. Coleccionaba juguetes de todo tipo.
Montaba un caballito Pony, leía muchísimas comiquitas
y le encantaba comer helados.
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Escrito por Exquiyo
| 30/04/2005
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